Mis pies y la calle son tres planchas de hielo. Te busco, derrotado, por San Bernardo, deambulando como un funambulista cansado sobre los cables de las fachadas.
La nieve cae lenta, triste, como una vieja canción de Adamo reproducida en un tocadiscos oxidado; como palomas mensajeras que regresan en bandada buscando un balcón donde ya no vive nadie.
Porque siempre es sábado en la Plaza del 2 de Mayo. Un sábado eterno, detenido, donde los relojes se entretienen sonando como copas al chocar.
Como un enigma, San Bernardo respira esta noche algo del San Telmo porteño, con sus esquinas húmedas, sus cafés de tango rezagado y esa melancolía alegre que solo Buenos Aires tan bien entiende.
A la vez, también respira, de fondo, un leve perfume a Montmartre, como si la nieve quisiera imitar el eco lejano de París, con su bohemia de libre espíritu y su farándula de arte, conviviendo al borde de la madrugada.
Madrid, Buenos Aires y París… las tres, unidas, rastreando en pos de tu huella.
Sigo buscando tu encuentro tras el humo empañado del cristal del autobús, donde mi propio reflejo parece otro hombre, aún confíado en que aparezcas detrás de cualquier silueta.
En la cena, mis amigos, los “Buitrago”, en pleno acecho de piezas, me preguntan por ti con esa media sonrisa burlesca que se confunde con el sonido lejano de un blues.
Entre los vasos, las sombras y las servilletas arrugadas, alguien deja caer una frase con burda malicia escrita: «No todo el mundo sabe o quiere quedarse cuando se enamora de un fan».
Ya sumido en los charcos de Gran Vía, veo reflejándose en ellos caras pasadas, sueños estrangulados bajo hojas secas, la memoria rota de lo que se quiso ser…
Mi locura —esa que a veces me da por llamar esperanza— se esconde entre turistas perdidos, farolas que parpadean y estrellas falsas de neón.
Cruzo por la tormenta: políticos que corren, contenedores volcados que arden en la Puerta del Sol, como el año que fue, como hogueras improvisadas para habitar el caos.
Madrid huele a pólvora, a churro que ha quedado frío, a lluvia sucia de polución y, aun así, te guarda un sitio.
Los coches avanzan lentos por Malasaña, como si temieran despertar a la madrugada. En lo oscuro, una mujer pasa rayas de portal en portal, y el alma de Quique San Francisco, sin soltar su cerveza interminable, avanza como si la noche solo a él perteneciera.
El Atleti ha ganado, y lo celebra, sonriente, una princesa que tanto me recuerda a ti… Tiene tu forma de ajustar el abrigo, tu risa tímida cuando mira al suelo, tu manera de deshacer maletas como quien afloja un nudo del alma; es esa a la que, pese al frío, le atrapó el calor de Madrid, ese calor que prende, desvergonzado, sin permiso.
Hoy te he dejado grabada esta ciudad en tu ordenador, una virtual guía hecha con mis pasos, un mapa torcido que solo yo entiendo y que, aun así, apunta, descarado, siempre hacia ti.
Cerca de mi corazón, suena el mejor jazz en francés, al estilo Elorrieta, envolviendo la noche en humo azul, al que acompañan los efluvios de viejos alcoholes recordando "Le mètėque" de Moustaki y dejando atrás muchos versos sin firmar.
De fondo, Cadillac en su mejor versión, me lanza verdades con la más encarnada sangre: "Tuviste una oportunidad y la dejaste escapar…", "Y ahora todo pasó porque se ha cruzado un tonto"... Canciones que nunca pude cantar sin romperme un poco por dentro.
En cambio —lo sé— tú aún me recuerdas, pegado a tu oído, tarareandote a Los Secretos: «Quiero beber hasta perder el control, pero a tu lado…», versos que aún flotan entre las farolas y los portales donde nos abrazábamos sin saber que estabamos forjando la maravillosa fantasía de un capítulo de nuestra propia historia.
A lo lejos aparece, un ser lleno de luz, es Nacho de la Rosa acariciando su guitarra. Las notas que desprende dan fulgor y bendicen nuestra escena, pero…
¡Un respeto!, que su música manda más que la nostalgia.
En San Bernardo, hoy, chica de ayer, mujer de siempre, bajo un bulevar de sueños rotos, te seguiré, en mi delirio, buscando.
Y aunque Madrid esté frío, inquieto, sucio, despiadado, sé que, en algún rincón, entre una pintada y una canción que aún no existe, lograré acabar de ordenar las piezas del Mecano y llegaré, al fin, a conseguir nuestra quimera de reencuentro.
Felipe Pinto




Me ha encantado, bravissimo Felipe me he emocionado❤️❤️❤️❤️
ResponderEliminarPrecioso. Y Auténtico como tu.
ResponderEliminarMARAVILLOSO 👏👏👏👏👏👏🤗❤️
ResponderEliminarFelipe Me llena de satisfacion y orgullo habitar un párrafo de tu puño y letra en tan brillante inspiración y que refleja la transparencia de tu corazón sensible.
ResponderEliminarPhilips!!! Qué bonito escribes . 😊
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