"Lo importante no son los años de vida sino la vida de los años".

"Que no os confundan políticos, banqueros, terroristas y homicidas; el bien es mayoría pero no se nota porque es silencioso.
Una bomba hace más ruido que una caricia, pero por cada bomba que destruye hay millones de caricias que alimentan la vida".

Al mejor padre del Mundo

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lunes, 9 de febrero de 2026

VOX: PASO FIRME HACIA EL BIENESTAR DE LOS ESPAÑOLES

Las elecciones autonómicas celebradas ayer en Aragón marcan un hito político que trasciende con mucho el ámbito regional. Los resultados no solo confirman un cambio profundo en el mapa político aragonés, sino que consolidan una tendencia nacional que ya no puede ser ignorada. Vox ha logrado un resultado histórico, doblando su representación parlamentaria y pasando de 7 a 14 diputados autonómicos, un crecimiento neto de siete escaños que contrasta frontalmente con el retroceso de los partidos del bipartidismo tradicional.

El Partido Popular ha ganado las elecciones con 26 diputados, pero lo ha hecho perdiendo dos respecto a la anterior legislatura. El PSOE, por su parte, se queda con 18 escaños, tras bajar cinco. Mientras unos retroceden y otros se estancan, Vox crece con fuerza, se queda a solo cuatro diputados del PSOE y se consolida como una fuerza política decisiva en Aragón.

Este resultado no es casual ni coyuntural. Es la expresión de un cambio de conciencia que se viene gestando desde hace tiempo. Aragón no es el primer aviso: antes lo fue Extremadura. Hoy, Aragón confirma que aquello no fue un hecho aislado, sino el segundo gran aviso de una tendencia clara, sostenida y creciente. Dos territorios distintos, con realidades diferentes, pero con un mensaje común: cada vez más ciudadanos están rompiendo con el miedo, con el conformismo y con un sistema político agotado.

A partir de ahora, Vox tendrá que ser respetado y tenido en cuenta. Ya no es una fuerza marginal ni un actor secundario al que se pueda caricaturizar o excluir del debate. Representa a cientos de miles de españoles que exigen políticas claras, valientes y centradas en los problemas reales. Este crecimiento no responde a una simple suma aritmética; responde a una progresión geométrica, incluso exponencial, en la que cada avance refuerza el siguiente. A más ciudadanos que pierden el miedo, más apoyo; a más apoyo, más visibilidad; y a más visibilidad, más crecimiento.

Uno de los factores clave que explica este avance es que, por fin, existe una oposición total, frontal y sin complejos a lo que representa la Agenda 2030. Una agenda impuesta desde organismos internacionales, asumida sin debate por el bipartidismo y aplicada de espaldas a la realidad social y económica de España. Bajo supuestos dogmas ideológicos, se ha atacado directamente a la ganadería, a la agricultura, al mundo rural, a la gestión racional del agua y los pantanos, y se ha criminalizado al productor mientras se destruye tejido económico.

A ello se suma una política de inmigración descontrolada, ajena a la capacidad real del país, y un uso dogmático del cambio climático como excusa para subir impuestos, restringir libertades y arruinar sectores estratégicos sin ofrecer alternativas viables. Todo ello ha generado pobreza, despoblación, inseguridad y una profunda sensación de abandono en amplias capas de la población.

Frente a este modelo, Vox se ha consolidado como el único partido dispuesto a plantar cara a esa agenda, a defender la soberanía nacional y a situar el bienestar de los españoles en el centro de la acción política. No se trata de negar problemas, sino de rechazar soluciones ideológicas que empeoran la vida de la gente común.

El resultado de Aragón demuestra que cada vez más ciudadanos comprenden el daño que estas políticas están causando y apuestan por una alternativa clara, sin ambigüedades y sin complejos. Una alternativa que defiende el campo, el trabajo, la seguridad, la unidad nacional y la igualdad de todos los españoles frente a privilegios y dogmas.

Y esto no termina aquí. En el horizonte inmediato están Castilla y León y Andalucía, dos comunidades donde habrá elecciones próximamente y donde empiezan a darse las mismas condiciones políticas y sociales que ya han producido este cambio. Territorios clave, con un peso decisivo del mundo rural y de una ciudadanía cansada de políticas que van contra sus propios intereses.

Y ojalá que después sea España entera, porque eso significaría una sola cosa: que Pedro Sánchez ha convocado elecciones generales, algo que hoy desean millones de españoles. Sería la oportunidad de que el conjunto de la nación se pronuncie y decida si quiere seguir por el camino del deterioro institucional, la imposición ideológica y el desgaste social, o si apuesta por un cambio real.

Pero el objetivo de Vox no es únicamente crecer, ni acumular escaños, ni consolidarse como fuerza decisiva. El objetivo es gobernar España. Gobernarla con un proyecto claro, sin complejos y con liderazgo firme, de la mano de su presidente, Santiago Abascal. Porque solo desde el Gobierno se puede revertir el daño causado, recuperar la soberanía política y económica, proteger a los españoles y devolver a España el rumbo que nunca debió perder.

Extremadura abrió el camino. Aragón lo confirma. Lo que viene ya no es una hipótesis, es cuestión de tiempo. Porque cuando los ciudadanos despiertan y pierden el miedo, el cambio es imparable.

Felipe Pinto. 


domingo, 8 de febrero de 2026

EL CÁNCER NO ESPERA; EL GOBIERNO SÍ

Lo que está haciendo este Gobierno con la investigación contra el cáncer no es una negligencia menor ni un simple error de prioridades. Es una vergüenza política y moral. Una traición directa a la sociedad que dice representar. El cáncer no es un debate ideológico ni una cuestión opinable. Es un mal devastador que puede golpear a cualquiera en cualquier momento y que siempre acaba entrando en la vida de todos a través de la familia o de las personas más cercanas. Y frente a eso el Estado tiene una única obligación irrenunciable estar a la altura y poner todos los recursos necesarios para combatirlo.

Pero no lo hace. Y no porque no pueda sino porque no quiere. Nunca se ha recaudado tanto dinero público como ahora y nunca se ha gastado de forma tan irresponsable. Mientras el cáncer avanza sin esperar permisos ni calendarios políticos el Gobierno decide mirar a otro lado y dejar que la investigación dependa de donaciones privadas y del esfuerzo de fundaciones que hacen el trabajo que el Estado ha abandonado. Que organizaciones como Fundación CRIS Contra el Cáncer tengan que recaudar decenas de millones de euros para investigar enfermedades mortales es la prueba palmaria de un fracaso institucional de primer orden.

Este Gobierno prefiere gastar el dinero de todos en ideología en propaganda en chiringuitos y en redes clientelares diseñadas para mantener su poder y beneficiar a los suyos. Hay dinero para ONGs afines para estructuras de adoctrinamiento para campañas identitarias y para comprar voluntades. Lo que no hay es voluntad para invertir con seriedad en ciencia biomédica en investigación clínica y en ensayos que podrían salvar miles de vidas. Esa elección no es casual es deliberada. Y es profundamente inmoral.

Cada euro que se desvía de la investigación contra el cáncer para financiar intereses ideológicos es un euro robado a la esperanza de miles de familias. Cada retraso cada recorte encubierto cada excusa presupuestaria se traduce en diagnósticos más tardíos en tratamientos menos eficaces y en sufrimiento evitable. Cuando el Gobierno decide esperar el cáncer no espera. Avanza destruye y no da segundas oportunidades.

No es aceptable que el Estado se lave las manos mientras presume de gasto social. No es aceptable que se exija a los ciudadanos pagar cada vez más impuestos mientras se les niega lo más básico una apuesta firme y prioritaria por la vida. La investigación contra el cáncer no debería depender de la caridad ni de campañas puntuales. Debería ser una prioridad absoluta sostenida con dinero público porque esa es la razón de ser de un Estado que se dice social.

Lo que está ocurriendo no es solo un problema de gestión es un problema de valores. Este Gobierno ha decidido que la ideología está por encima de la ciencia y que la propaganda vale más que la vida. Y esa decisión retrata con crudeza a quienes la toman. La sociedad lo ve lo entiende y empieza a no perdonarlo porque cuando el cáncer entra en casa no hay relato que consuele ni eslogan que cure.

Esto va de elegir entre curar o adoctrinar entre salvar vidas o mantener chiringuitos entre servir al interés general o a los intereses de unos pocos. Existen alternativas políticas que sí entienden que la vida va primero y que el dinero público debe destinarse a lo esencial. Porque un país que abandona la lucha contra el cáncer mientras despilfarra en ideología es un país que ha perdido toda legitimidad moral.

El cáncer no espera. Y cada día que el Gobierno sigue esperando, borrándose del problema, es una vergüenza más que se acumula sobre sus hombros.

Felipe Pinto. 


 

sábado, 7 de febrero de 2026

¿QUÉ SIGNIFICARÍA EL SORPASO DE VOX AL PSOE EN ARAGÓN?

Durante las últimas semanas, el debate electoral en Aragón se ha centrado casi de forma automática en quién será la fuerza más votada. Sin embargo, a medida que se acerca la cita con las urnas, empieza a abrirse paso una pregunta distinta, más incómoda y con mayor carga política: si es posible que Vox supere al PSOE y que significaría para el mapa político español. No es una cuestión retórica ni una provocación interesada, sino una hipótesis que hoy se sostiene sobre encuestas concretas, tendencias sociológicas claras y un contexto político que ha cambiado más de lo que algunos están dispuestos a admitir.

El punto de partida para entender este escenario es comprender cómo funcionan realmente las encuestas y por qué, en determinados casos, no captan con precisión lo que acaba ocurriendo en las urnas. Los sondeos no son una fotografía exacta del voto, sino una estimación basada en muestras limitadas y en procesos de corrección conocidos como “cocina”. En ese proceso, los institutos demoscópicos tienden a ajustar los resultados en función de elecciones anteriores, comportamiento histórico del electorado y patrones de respuesta. Cuando un partido rompe esos patrones, como ha ocurrido en distintas convocatorias recientes, el desfase entre la encuesta y el resultado real puede ser notable.

En el caso de Vox, este fenómeno es especialmente relevante. Se trata de un partido con un voto menos declarativo, más reacio a expresarse abiertamente en encuestas y que, además, concentra apoyos en segmentos sociales donde la desconfianza hacia los sondeos es mayor. Esto provoca que, en muchos casos, su estimación final quede por debajo del resultado real. No es una hipótesis teórica, sino una realidad ya observada en elecciones autonómicas, municipales y generales, donde Vox terminó superando con claridad las previsiones de varios estudios publicados en campaña.

A este factor se suma el llamado voto oculto, que adquiere una dimensión especial en entornos urbanos. En ciudades grandes, con fuerte presión mediática y social, parte del electorado evita declarar opciones que percibe como controvertidas, aunque finalmente las apoye en la urna. Este comportamiento no se distribuye de forma homogénea y suele concentrarse en votantes procedentes de antiguos caladeros de la izquierda o del centro, hoy claramente desencantados. Es precisamente ahí donde el análisis empieza a girar hacia Zaragoza capital.

Zaragoza no es solo la ciudad más poblada de Aragón. Es su principal termómetro político. Concentra población, escaños y, sobre todo, el relato que luego se proyecta al conjunto de la Comunidad y al ámbito nacional. Desde hace años, muchos analistas consideran Zaragoza una especie de “piso piloto” electoral, un espacio donde los cambios de tendencia suelen manifestarse antes de consolidarse en elecciones generales. Su composición social, su equilibrio histórico entre bloques y su sensibilidad al clima político nacional hacen que lo que ocurre en Zaragoza no suela quedarse en Zaragoza.

En los últimos días han circulado encuestas que sitúan a Vox por delante del PSOE en la capital. Ese dato, por sí solo, ya rompe un marco que durante décadas se había considerado inamovible. Zaragoza había sido tradicionalmente un bastión urbano de la izquierda, un espacio donde el voto socialista se consideraba estructural. Que hoy ese equilibrio esté en cuestión no es anecdótico, es profundamente político.

Lo que se está produciendo en Zaragoza va más allá de una simple oscilación electoral. Hay un trasvase de voto que responde tanto a consignas ideológicas tradicionales como a una sensación de hartazgo. Clases medias urbanas, antiguos votantes socialistas, sectores obreros y profesionales que durante años se sintieron representados por el PSOE hoy miran a Vox como una alternativa clara. No es únicamente un voto emocional o de protesta: es también un voto ideológico que ha encontrado un cauce definido. Y ese tipo de voto suele movilizarse con fuerza en el tramo final de la campaña.

El contexto de la izquierda tampoco ayuda a contener esta tendencia. El PSOE ya no compite en solitario, sino en un espacio fragmentado que dispersa apoyos y diluye el mensaje. Esa fragmentación no solo resta votos, sino que transmite una imagen de debilidad y falta de proyecto reconocible. Frente a ello, Vox aparece ante muchos electores como una opción nítida, con un discurso reconocible y una movilización alta, elementos que en elecciones ajustadas marcan la diferencia.

El sistema electoral aragonés añade otra capa de complejidad. El reparto de escaños por provincias hace que pequeñas variaciones porcentuales tengan un impacto directo en la representación final. Una diferencia mínima en Zaragoza puede traducirse en varios escaños de ventaja o de desventaja, y ese efecto se amplifica cuando se combina con resultados ajustados en Huesca y Teruel. Por eso, aunque el debate público tienda a fijarse en el total autonómico, el comportamiento de la capital es determinante para entender todos los escenarios posibles.

Pero hay una lectura todavía más profunda, que trasciende lo autonómico. Si el respaldo de la sociedad aragonesa al partido de Abascal llegara a situarlo por delante del PSOE, el impacto no sería únicamente autonómico. Sería, ante todo, el golpe político más duro que podría recibir Pedro Sánchez en este momento. No tanto por el número concreto de escaños, sino por lo que simbolizaría: que una comunidad históricamente moderada, con fuerte peso urbano y tradición socialista, expresa un rechazo claro a la gestión, al discurso y a la estrategia del actual Gobierno. Aragón no es una periferia política ni un territorio testimonial. Un resultado así sería leído inevitablemente en clave nacional.

Los escenarios, por tanto, están abiertos. Desde uno en el que el PSOE logra mantenerse por delante de Vox por un margen estrecho, hasta otro en el que el sorpaso se produce en escaños o incluso en voto, especialmente si Zaragoza confirma las tendencias que apuntan algunos sondeos. Incluso en el supuesto de que el PSOE conserve la segunda posición autonómica, quedar por detrás de Vox en la capital sería interpretado como una derrota política de fondo, una señal inequívoca de que algo se ha roto en el mapa electoral tradicional.

Aragón vota este domingo y el resultado final dirá si el sorpaso se consuma o se queda a las puertas, pero la pregunta ya está formulada y circula con naturalidad. Y cuando una pregunta así empieza a hacerse sin complejos, es porque el cambio ya está en marcha, más allá de los titulares que algunos preferirían mantener intactos. De lo que no hay duda es que, de producirse, se convertiría en la más calamitosa derrota de un Pedro Sánchez, quien, sí aún tuviera una mínima esencia de dignidad y vergüenza, debería presentar la dimisión de inmediato tanto como secretario general de los socialistas como también de su cargo como presidente del Gobierno de España. 

Felipe Pinto. 

viernes, 6 de febrero de 2026

GEORGE SOROS: EL MAGNATE QUE UNE AL PSOE Y AL PP CONTRA LOS INTERESES DE ESPAÑA

No es una teoría conspirativa ni una exageración interesada. Es un hecho político incómodo que muchos prefieren esquivar: George Soros ha construido durante décadas una red de influencia ideológica y financiera que trasciende siglas, gobiernos y fronteras. Y en España, esa influencia ha encontrado terreno fértil tanto en el PSOE como en el PP. Dos partidos que se enfrentan en el teatro parlamentario, pero coinciden en lo esencial: aceptar sin rechistar el marco globalista que debilita la soberanía nacional.

Soros no gobierna España ni necesita hacerlo. Empuja la agenda, marca los límites del debate y financia el ecosistema ideológico que convierte determinadas políticas en intocables. A través de su entramado de fundaciones, ONG y laboratorios de ideas —con la Open Society Foundations como buque insignia— se ha impulsado una visión del mundo donde las fronteras sobran, la identidad molesta y el ciudadano queda subordinado a agendas supranacionales.

PSOE: AFINIDAD IDEOLÓGICA SIN COMPLEJOS

En el Partido Socialista Obrero Español la sintonía es abierta y sin disimulo. El discurso, las prioridades y la legislación encajan con la Agenda 2030, el multiculturalismo sin límites y una concepción de los derechos humanos desvinculada de la soberanía y del orden jurídico. La inmigración ilegal se normaliza; la crítica se demoniza; el debate se cancela.

No es humanitarismo. Es ideología convertida en política de Estado. España se convierte así en laboratorio de experimentos sociales mientras los costes —económicos, sociales y de seguridad— recaen sobre los de siempre.

PP: LA COMPLICIDAD DEL DOBLE DISCURSO

Más grave aún es la actitud del Partido Popular. Promete firmeza cuando está en la oposición y administra el mismo modelo cuando gobierna. Cambia el tono, no el fondo. Mantiene los consensos globalistas, no rompe con la arquitectura ideológica y no corrige las políticas que dañan al país.

El PP no combate el marco Soros: lo gestiona. Y esa ambigüedad no es neutralidad; es corresponsabilidad.

INMIGRACIÓN ILEGAL Y AGENDA 2030: EL NÚCLEO DURO

Conviene ser precisos. Nadie sostiene que Soros redacte leyes españolas. Lo que se denuncia es algo más profundo y peligroso: la hegemonía cultural. Un relato donde controlar fronteras es “inhumano”, defender la nación es “excluyente” y disentir es “odio”. Todo bajo el paraguas de la Agenda 2030.

En ese marco, la inmigración ilegal deja de ser un problema a resolver y pasa a ser una herramienta política: presión sobre servicios públicos, mano de obra precarizada, fragmentación social y un impacto directo en la seguridad. Las consecuencias son reales, y se sufren en barrios, hospitales, colegios y calles.

IDEOLOGÍA CLIMÁTICA: DOGMA, RUINA Y RIESGO VITAL

A este cóctel se suma la ideología climática radical impuesta desde la Agenda 2030 y ejecutada por lobbies ecologistas desconectados del campo y del territorio. Se prohíbe desbrozar, se abandona el monte a su “estado natural”, se derriban presas y pantanos que durante décadas regularon caudales y salvaron vidas, todo para satisfacer un dogma que no admite discusión.

El resultado es devastador: montes convertidos en polvorines que alimentan incendios mortales; cauces colapsados por rastrojos y abandono que impiden el drenaje natural del agua; inundaciones que arrasan pueblos cuando llegan lluvias intensas. No es mala suerte ni un fenómeno abstracto: es mala gestión ideológica. Se ha sustituido la prevención por el eslogan, la ingeniería por la consigna y el sentido común por la obediencia.

INDUSTRIA, CAMPO Y MAR: ESPAÑA DESMANTELADA

Las consecuencias se extienden al corazón productivo del país. La industria se deslocaliza en nombre del dogma climático; la agricultura, la ganadería y la pesca son asfixiadas por normas ideológicas, burocracia suicida y competencia desleal de terceros países sin las mismas exigencias. Cierres, ruina y abandono del medio rural. Pérdida de soberanía alimentaria y dependencia exterior.

SEGURIDAD Y VIVIENDA: EL COSTE SOCIAL

A ello se añade un aumento de la delincuencia importada vinculada a la inmigración ilegal descontrolada y un caos absoluto en el mercado de la vivienda. La presión demográfica artificial, unida a políticas que penalizan al propietario y toleran la okupación, ha disparado los precios. Jóvenes expulsados, alquileres imposibles, familias atrapadas. No es casualidad: es consecuencia directa del exceso de población inducido sin planificación ni responsabilidad.

DOS PARTIDOS, UN MISMO CAMINO

PSOE y PP discuten en el escaparate, pero coinciden en el guion. Uno acelera; el otro no frena. Ambos aceptan el marco globalista impulsado por Soros y sus satélites. El balance es inequívoco: menos nación, menos orden y menos prosperidad.

Esto no va de fobias personales ni de caricaturas. Va de soberanía, de democracia real y de decidir desde España qué modelo de país queremos. Cuando los grandes partidos pactan —explícita o implícitamente— con las agendas de un magnate extranjero, lo que se resiente no es la derecha o la izquierda: es la nación.

Y ese es el verdadero escándalo.

Felipe Pinto. 

jueves, 5 de febrero de 2026

EL PSOE TEME A VOX

A 4 días de la celebración de las elecciones autonómicas en Aragón, el terror empieza a hacer mella en las huestes socialistas y no solo en las del reino, también lo hace a nivel nacional. Y no es una exageración ni una construcción interesada. Se trata de una realidad que empieza a reflejarse en los propios datos internos que maneja el socialismo y que explican la inquietud creciente en la dirección del PSOE. El ascenso de Vox ya no es una tendencia lejana ni un fenómeno marginal: comienza a materializarse en cifras concretas y, lo que resulta más inquietante para ellos, en ciudades clave donde hasta ahora se sentían relativamente seguros.

En Zaragoza, los números son especialmente elocuentes. Las estimaciones internas que circulan en el entorno socialista dibujan un escenario en el que Vox alcanzaría en torno al 24 % de los votos, mientras que el PSOE se quedaría alrededor del 21 %. No se trata de una oscilación menor, sino de una diferencia suficiente como para hablar de un sorpasso en toda regla. Vox pasaría a disputar la segunda posición en la ciudad, relegando al PSOE a un papel secundario y evidenciando un cambio profundo en el comportamiento del electorado urbano.

Este dato no preocupa solo por la fotografía local, sino por lo que simboliza. Zaragoza concentra una parte decisiva del voto en Aragón y siempre ha sido una plaza de referencia para medir el pulso político de la región. Que allí el PSOE se vea superado por Vox indica que el relato tradicional de la izquierda ya no moviliza como antes y que el voto de castigo empieza a traducirse en apoyos claros a una alternativa que no pide disculpas ni se mueve en la ambigüedad.

En Teruel, el panorama resulta todavía más incómodo para los socialistas. Aunque los porcentajes exactos varían según las proyecciones, el consenso interno apunta a que Vox también podría adelantar al PSOE, empujándolo a una tercera o incluso cuarta posición, por detrás no solo del Partido Popular y de Vox, sino también de fuerzas de carácter local. Para un partido que durante años se presentó como garante de la España interior y del equilibrio territorial, verse superado en una provincia emblemática de la despoblación supone un golpe político y moral difícil de digerir.

Pero este escenario no puede analizarse únicamente como un fracaso del PSOE. El otro gran responsable es el Partido Popular, que observa el fenómeno con una mezcla de satisfacción y nerviosismo. Satisfacción porque el desgaste socialista le beneficia a corto plazo, y nerviosismo porque el crecimiento de Vox no se produce solo a costa del PSOE, sino también por la desafección de votantes del propio PP, cansados de promesas incumplidas, giros ideológicos y una sensación persistente de renuncia.

El PP ha optado durante demasiado tiempo por una estrategia de perfil bajo y cálculo permanente, confiando en que el desgaste del Gobierno le bastaría para ganar. Mientras administraba esa espera, Vox ha ocupado el espacio del discurso claro, sin matices y sin complejos. El resultado es que hoy el PP puede ganar, pero ya no controla el marco del debate ni el ritmo político, lo que a medio plazo le obliga a depender de quien sí ha sabido capitalizar el enfado social.

Por eso el miedo del PSOE a Vox es real y plenamente comprensible desde su punto de vista. No teme solo perder votos, teme perder centralidad, teme dejar de ser imprescindible, teme convertirse en un partido más del sistema, incapaz de movilizar a su electorado tradicional. Frente a ese temor, su reacción vuelve a ser la de siempre: alarmismo, descalificación moral y ausencia total de autocrítica.

Lo que está ocurriendo en Zaragoza y Teruel no es un accidente ni una anomalía local. Es el reflejo de un hartazgo acumulado y de una ciudadanía que empieza a votar sin miedo y sin la presión del viejo relato. Cuando una fuerza política roza los tres puntos de ventaja sobre el PSOE en una gran ciudad, no estamos ante un susto pasajero, sino ante un aviso serio de que algo se está moviendo por debajo del tablero político.

Y ese cambio no solo inquieta al PSOE. También debería hacer reflexionar al Partido Popular. Porque cuando dos partidos tradicionales se acomodan, se parecen demasiado entre sí y se alejan de sus votantes, siempre hay alguien dispuesto a ocupar el hueco que dejan. Esta vez, además, los números indican que ese alguien ya no es una amenaza futura ni una hipótesis lejana, sino una realidad presente que empieza a consolidarse.

Felipe Pinto.