Durante años se ha intentado presentar el problema de los menores extranjeros no acompañados como una realidad sobrevenida ante la que los distintos gobiernos poco podían hacer salvo asumirla, gestionarla y distribuir sus consecuencias entre las distintas comunidades autónomas. Pero basta repasar la legislación española de las últimas décadas para comprobar que las cosas no son exactamente así.
El sistema actual no cayó del cielo ni apareció de repente con Pedro Sánchez. Se ha ido construyendo, modificando y consolidando durante décadas bajo gobiernos del PSOE y del Partido Popular. Ambos tienen similares responsabilidades políticas, aunque en momentos y grados diferentes.
La Ley Orgánica 1/1996 de Protección Jurídica del Menor estableció el gran marco de protección de la infancia en España, incluyendo a los menores extranjeros con independencia de su situación administrativa. Cuatro años después, la Ley Orgánica 4/2000 de Extranjería reguló específicamente la situación de los menores extranjeros no acompañados y estableció su puesta a disposición de los servicios de protección cuando fueran menores de edad.
Aquella legislación contemplaba, además, algo que hoy algunos pretenden presentar como una propuesta radical: el retorno del menor a su país de origen o al lugar donde se encontraran sus familiares. La permanencia en España no era la única solución contemplada por el legislador.
Pero la historia política de esta legislación resulta todavía más reveladora.
José María Aznar consiguió la mayoría absoluta en las elecciones generales del año 2000 y el Partido Popular reformó inmediatamente la Ley de Extranjería mediante la Ley Orgánica 8/2000. Tenía, por tanto, capacidad parlamentaria suficiente para establecer otro modelo si consideraba equivocado el existente y no lo hizo.
La reforma aprobada bajo el Gobierno de Aznar mantuvo que los menores extranjeros quedaran a disposición de los servicios de protección, mantuvo la posibilidad de permanencia en España y mantuvo que la residencia de los menores tutelados por una Administración pública se considerase regular.
Es decir, el Partido Popular no puede alegar que simplemente heredó una legislación socialista con la que nunca estuvo de acuerdo. Cuando dispuso de mayoría absoluta la reformó y decidió mantener sus elementos esenciales.
Después llegaron nuevas modificaciones. Durante el Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero, la reforma de la Ley de Extranjería de 2009 desarrolló ampliamente el régimen de los menores extranjeros no acompañados. El PSOE profundizó en un sistema que combinaba protección, tutela y documentación con la posibilidad legal de repatriación y reagrupación familiar.
Y después llegó Mariano Rajoy.
En 2011, el Partido Popular consiguió una nueva mayoría absoluta, incluso más amplia que la obtenida por Aznar. Volvía a tener en sus manos la posibilidad de modificar profundamente el modelo si realmente consideraba que España estaba equivocándose y tampoco lo hizo.
Durante aquella legislatura se reformó incluso el sistema de protección de la infancia mediante la Ley Orgánica 8/2015. El Partido Popular volvió a legislar disponiendo de mayoría absoluta y volvió a mantener el principio de protección de los menores extranjeros con independencia de su situación administrativa.
Por tanto, existe un hecho político difícilmente discutible: el Partido Popular ha dispuesto de dos mayorías absolutas para modificar sustancialmente este modelo y no lo hizo.
Después, con Pedro Sánchez, el PSOE ha dado nuevos pasos. En 2021 se facilitó considerablemente la documentación de los menores extranjeros no acompañados y, especialmente, de los jóvenes extutelados cuando alcanzaban la mayoría de edad. Y en 2025 se dio un paso más mediante el mecanismo obligatorio de distribución de menores entre comunidades autónomas.
En este último caso, el Partido Popular votó en contra, al igual que VOX. No puedo, pues, responsabilizar al PP de haber aprobado ese reparto obligatorio, pero sería bastante ingenuo interpretar ese voto como una ruptura repentina con el modelo que el propio PP había contribuido a mantener durante décadas.
En plena confrontación con el Gobierno de Pedro Sánchez y con VOX disputándole abiertamente una parte cada vez más importante del electorado de la derecha, votar a favor de un nuevo reparto obligatorio de menores extranjeros habría resultado políticamente muy difícil de explicar a sus propios votantes.
El PP votó en contra, sí, pero lo hizo después de años en los que, incluso disponiendo de dos mayorías absolutas, nunca desmontó el sistema que ahora cuestiona. Y ésa es precisamente la contradicción que no puede ocultarse detrás de una votación.
Es por eso que votar en contra del último capítulo no permite borrar los capítulos anteriores.
Durante décadas, PP y PSOE han gobernado España y han participado, de una manera u otra, en la construcción, reforma, mantenimiento y desarrollo del sistema que hoy tenemos. El PSOE lo ha ampliado considerablemente en los últimos años, pero el Partido Popular tuvo oportunidades históricas para cambiarlo cuando disponía de poder suficiente y decidió no hacerlo.
Y existe otra contradicción todavía más llamativa.
Cuando se plantea hoy que España debe negociar seriamente con los países de origen, localizar a las familias de estos menores y proceder a su repatriación cuando legalmente corresponda, inmediatamente aparecen acusaciones de radicalismo, insolidaridad o xenofobia.
Sin embargo, la repatriación y la reagrupación familiar no son ocurrencias recientes. Llevan décadas contempladas en la propia legislación española.
El problema, por tanto, no está únicamente en las leyes. También está en la voluntad política para utilizar los mecanismos que esas mismas leyes contemplan.
Proteger a un menor mientras se encuentra bajo responsabilidad de las administraciones españolas constituye una obligación jurídica y humanitaria. Pero protegerlo mientras se determina su situación no debería significar necesariamente asumir que su destino definitivo tiene que ser España. Si tiene una familia en su país de origen y existen las garantías necesarias para su retorno, el objetivo debe ser precisamente la reunificación familiar.
Lo que no parece razonable es transformar permanentemente un problema internacional y migratorio en un problema de distribución territorial dentro de España. Trasladar menores desde Ceuta o Canarias hacia Madrid, Andalucía, Galicia, Castilla y León o cualquier otra comunidad autónoma no resuelve el origen del fenómeno. Únicamente cambia la Administración que debe hacerse cargo de ellos.
Y aquí es donde el Partido Popular debería explicar su propia historia.
Porque resulta demasiado fácil endurecer ahora el discurso, reclamar fronteras más seguras, hablar de repatriaciones y criticar las políticas migratorias del Gobierno de Pedro Sánchez. Muchas de esas críticas pueden estar justificadas. Pero existe una pregunta inevitable: ¿por qué no cambiaron el modelo cuando pudieron hacerlo?
Aznar tuvo mayoría absoluta.
Rajoy tuvo mayoría absoluta.
Entre ambos gobernaron España durante años con capacidad parlamentaria suficiente para promover un sistema diferente.
No lo hicieron.
El PSOE tiene una enorme responsabilidad en la situación actual y particularmente en las reformas impulsadas durante los gobiernos de Pedro Sánchez. Pero el Partido Popular tampoco puede presentarse ante los españoles como un espectador inocente de una legislación que supuestamente siempre combatió.
Porque cuando tuvo poder para modificarla, la mantuvo.
Y cuando tuvo mayoría absoluta para sustituirla por otro modelo, tampoco lo hizo.
Por eso, antes de escuchar determinados discursos actuales del Partido Popular sobre inmigración y menores extranjeros, conviene recordar su trayectoria legislativa. No para eximir al PSOE de responsabilidad, sino precisamente para repartir esa responsabilidad allí donde corresponde.
Durante décadas, PP y PSOE han ido tomando decisiones que han construido el sistema actual. Ahora ambos pueden discutir sobre quién lo llevó más lejos, quién lo gestionó peor o quién aprobó la última reforma. Pero hay algo que ninguno de los dos puede reescribir: cuando tuvieron el poder para legislar, tanto PSOE como PP participaron en la construcción o mantenimiento del modelo que hoy tenemos.
Así que, por favor, señores del Partido Popular, no sigan intentando engañar a sus votantes haciéndoles creer ahora que ustedes nada tuvieron que ver con esta política de acogida de menores extranjeros. La historia legislativa está ahí y las mayorías absolutas de Aznar y Rajoy también. Tuvieron el poder, tuvieron los votos y tuvieron la oportunidad de cambiar el modelo. No lo hicieron.
Ahora resulta muy fácil endurecer el discurso, denunciar las consecuencias y presentarse como si siempre hubieran estado enfrente. Pero no pueden borrar su propio pasado ni esconder su responsabilidad detrás de las decisiones de Pedro Sánchez.
Porque, una vez más, pretenden lanzar la piedra y esconder la mano.
Y esta vez las leyes, las votaciones y su propia historia política demuestran perfectamente quiénes ayudaron a lanzarla.
Felipe Pinto.







