No es una teoría conspirativa ni una exageración interesada. Es un hecho político incómodo que muchos prefieren esquivar: George Soros ha construido durante décadas una red de influencia ideológica y financiera que trasciende siglas, gobiernos y fronteras. Y en España, esa influencia ha encontrado terreno fértil tanto en el PSOE como en el PP. Dos partidos que se enfrentan en el teatro parlamentario, pero coinciden en lo esencial: aceptar sin rechistar el marco globalista que debilita la soberanía nacional.
Soros no gobierna España ni necesita hacerlo. Empuja la agenda, marca los límites del debate y financia el ecosistema ideológico que convierte determinadas políticas en intocables. A través de su entramado de fundaciones, ONG y laboratorios de ideas —con la Open Society Foundations como buque insignia— se ha impulsado una visión del mundo donde las fronteras sobran, la identidad molesta y el ciudadano queda subordinado a agendas supranacionales.
PSOE: AFINIDAD IDEOLÓGICA SIN COMPLEJOS
En el Partido Socialista Obrero Español la sintonía es abierta y sin disimulo. El discurso, las prioridades y la legislación encajan con la Agenda 2030, el multiculturalismo sin límites y una concepción de los derechos humanos desvinculada de la soberanía y del orden jurídico. La inmigración ilegal se normaliza; la crítica se demoniza; el debate se cancela.
No es humanitarismo. Es ideología convertida en política de Estado. España se convierte así en laboratorio de experimentos sociales mientras los costes —económicos, sociales y de seguridad— recaen sobre los de siempre.
PP: LA COMPLICIDAD DEL DOBLE DISCURSO
Más grave aún es la actitud del Partido Popular. Promete firmeza cuando está en la oposición y administra el mismo modelo cuando gobierna. Cambia el tono, no el fondo. Mantiene los consensos globalistas, no rompe con la arquitectura ideológica y no corrige las políticas que dañan al país.
El PP no combate el marco Soros: lo gestiona. Y esa ambigüedad no es neutralidad; es corresponsabilidad.
INMIGRACIÓN ILEGAL Y AGENDA 2030: EL NÚCLEO DURO
Conviene ser precisos. Nadie sostiene que Soros redacte leyes españolas. Lo que se denuncia es algo más profundo y peligroso: la hegemonía cultural. Un relato donde controlar fronteras es “inhumano”, defender la nación es “excluyente” y disentir es “odio”. Todo bajo el paraguas de la Agenda 2030.
En ese marco, la inmigración ilegal deja de ser un problema a resolver y pasa a ser una herramienta política: presión sobre servicios públicos, mano de obra precarizada, fragmentación social y un impacto directo en la seguridad. Las consecuencias son reales, y se sufren en barrios, hospitales, colegios y calles.
IDEOLOGÍA CLIMÁTICA: DOGMA, RUINA Y RIESGO VITAL
A este cóctel se suma la ideología climática radical impuesta desde la Agenda 2030 y ejecutada por lobbies ecologistas desconectados del campo y del territorio. Se prohíbe desbrozar, se abandona el monte a su “estado natural”, se derriban presas y pantanos que durante décadas regularon caudales y salvaron vidas, todo para satisfacer un dogma que no admite discusión.
El resultado es devastador: montes convertidos en polvorines que alimentan incendios mortales; cauces colapsados por rastrojos y abandono que impiden el drenaje natural del agua; inundaciones que arrasan pueblos cuando llegan lluvias intensas. No es mala suerte ni un fenómeno abstracto: es mala gestión ideológica. Se ha sustituido la prevención por el eslogan, la ingeniería por la consigna y el sentido común por la obediencia.
INDUSTRIA, CAMPO Y MAR: ESPAÑA DESMANTELADA
Las consecuencias se extienden al corazón productivo del país. La industria se deslocaliza en nombre del dogma climático; la agricultura, la ganadería y la pesca son asfixiadas por normas ideológicas, burocracia suicida y competencia desleal de terceros países sin las mismas exigencias. Cierres, ruina y abandono del medio rural. Pérdida de soberanía alimentaria y dependencia exterior.
SEGURIDAD Y VIVIENDA: EL COSTE SOCIAL
A ello se añade un aumento de la delincuencia importada vinculada a la inmigración ilegal descontrolada y un caos absoluto en el mercado de la vivienda. La presión demográfica artificial, unida a políticas que penalizan al propietario y toleran la okupación, ha disparado los precios. Jóvenes expulsados, alquileres imposibles, familias atrapadas. No es casualidad: es consecuencia directa del exceso de población inducido sin planificación ni responsabilidad.
DOS PARTIDOS, UN MISMO CAMINO
PSOE y PP discuten en el escaparate, pero coinciden en el guion. Uno acelera; el otro no frena. Ambos aceptan el marco globalista impulsado por Soros y sus satélites. El balance es inequívoco: menos nación, menos orden y menos prosperidad.
Esto no va de fobias personales ni de caricaturas. Va de soberanía, de democracia real y de decidir desde España qué modelo de país queremos. Cuando los grandes partidos pactan —explícita o implícitamente— con las agendas de un magnate extranjero, lo que se resiente no es la derecha o la izquierda: es la nación.
Y ese es el verdadero escándalo.
Felipe Pinto.








