"Lo importante no son los años de vida sino la vida de los años".

"Que no os confundan políticos, banqueros, terroristas y homicidas; el bien es mayoría pero no se nota porque es silencioso.
Una bomba hace más ruido que una caricia, pero por cada bomba que destruye hay millones de caricias que alimentan la vida".

Al mejor padre del Mundo

Al mejor padre del Mundo
Pinchar en foto para ver texto.

sábado, 7 de febrero de 2026

¿QUÉ SIGNIFICARÍA EL SORPASO DE VOX AL PSOE EN ARAGÓN?

Durante las últimas semanas, el debate electoral en Aragón se ha centrado casi de forma automática en quién será la fuerza más votada. Sin embargo, a medida que se acerca la cita con las urnas, empieza a abrirse paso una pregunta distinta, más incómoda y con mayor carga política: si es posible que Vox supere al PSOE y que significaría para el mapa político español. No es una cuestión retórica ni una provocación interesada, sino una hipótesis que hoy se sostiene sobre encuestas concretas, tendencias sociológicas claras y un contexto político que ha cambiado más de lo que algunos están dispuestos a admitir.

El punto de partida para entender este escenario es comprender cómo funcionan realmente las encuestas y por qué, en determinados casos, no captan con precisión lo que acaba ocurriendo en las urnas. Los sondeos no son una fotografía exacta del voto, sino una estimación basada en muestras limitadas y en procesos de corrección conocidos como “cocina”. En ese proceso, los institutos demoscópicos tienden a ajustar los resultados en función de elecciones anteriores, comportamiento histórico del electorado y patrones de respuesta. Cuando un partido rompe esos patrones, como ha ocurrido en distintas convocatorias recientes, el desfase entre la encuesta y el resultado real puede ser notable.

En el caso de Vox, este fenómeno es especialmente relevante. Se trata de un partido con un voto menos declarativo, más reacio a expresarse abiertamente en encuestas y que, además, concentra apoyos en segmentos sociales donde la desconfianza hacia los sondeos es mayor. Esto provoca que, en muchos casos, su estimación final quede por debajo del resultado real. No es una hipótesis teórica, sino una realidad ya observada en elecciones autonómicas, municipales y generales, donde Vox terminó superando con claridad las previsiones de varios estudios publicados en campaña.

A este factor se suma el llamado voto oculto, que adquiere una dimensión especial en entornos urbanos. En ciudades grandes, con fuerte presión mediática y social, parte del electorado evita declarar opciones que percibe como controvertidas, aunque finalmente las apoye en la urna. Este comportamiento no se distribuye de forma homogénea y suele concentrarse en votantes procedentes de antiguos caladeros de la izquierda o del centro, hoy claramente desencantados. Es precisamente ahí donde el análisis empieza a girar hacia Zaragoza capital.

Zaragoza no es solo la ciudad más poblada de Aragón. Es su principal termómetro político. Concentra población, escaños y, sobre todo, el relato que luego se proyecta al conjunto de la Comunidad y al ámbito nacional. Desde hace años, muchos analistas consideran Zaragoza una especie de “piso piloto” electoral, un espacio donde los cambios de tendencia suelen manifestarse antes de consolidarse en elecciones generales. Su composición social, su equilibrio histórico entre bloques y su sensibilidad al clima político nacional hacen que lo que ocurre en Zaragoza no suela quedarse en Zaragoza.

En los últimos días han circulado encuestas que sitúan a Vox por delante del PSOE en la capital. Ese dato, por sí solo, ya rompe un marco que durante décadas se había considerado inamovible. Zaragoza había sido tradicionalmente un bastión urbano de la izquierda, un espacio donde el voto socialista se consideraba estructural. Que hoy ese equilibrio esté en cuestión no es anecdótico, es profundamente político.

Lo que se está produciendo en Zaragoza va más allá de una simple oscilación electoral. Hay un trasvase de voto que responde tanto a consignas ideológicas tradicionales como a una sensación de hartazgo. Clases medias urbanas, antiguos votantes socialistas, sectores obreros y profesionales que durante años se sintieron representados por el PSOE hoy miran a Vox como una alternativa clara. No es únicamente un voto emocional o de protesta: es también un voto ideológico que ha encontrado un cauce definido. Y ese tipo de voto suele movilizarse con fuerza en el tramo final de la campaña.

El contexto de la izquierda tampoco ayuda a contener esta tendencia. El PSOE ya no compite en solitario, sino en un espacio fragmentado que dispersa apoyos y diluye el mensaje. Esa fragmentación no solo resta votos, sino que transmite una imagen de debilidad y falta de proyecto reconocible. Frente a ello, Vox aparece ante muchos electores como una opción nítida, con un discurso reconocible y una movilización alta, elementos que en elecciones ajustadas marcan la diferencia.

El sistema electoral aragonés añade otra capa de complejidad. El reparto de escaños por provincias hace que pequeñas variaciones porcentuales tengan un impacto directo en la representación final. Una diferencia mínima en Zaragoza puede traducirse en varios escaños de ventaja o de desventaja, y ese efecto se amplifica cuando se combina con resultados ajustados en Huesca y Teruel. Por eso, aunque el debate público tienda a fijarse en el total autonómico, el comportamiento de la capital es determinante para entender todos los escenarios posibles.

Pero hay una lectura todavía más profunda, que trasciende lo autonómico. Si el respaldo de la sociedad aragonesa al partido de Abascal llegara a situarlo por delante del PSOE, el impacto no sería únicamente autonómico. Sería, ante todo, el golpe político más duro que podría recibir Pedro Sánchez en este momento. No tanto por el número concreto de escaños, sino por lo que simbolizaría: que una comunidad históricamente moderada, con fuerte peso urbano y tradición socialista, expresa un rechazo claro a la gestión, al discurso y a la estrategia del actual Gobierno. Aragón no es una periferia política ni un territorio testimonial. Un resultado así sería leído inevitablemente en clave nacional.

Los escenarios, por tanto, están abiertos. Desde uno en el que el PSOE logra mantenerse por delante de Vox por un margen estrecho, hasta otro en el que el sorpaso se produce en escaños o incluso en voto, especialmente si Zaragoza confirma las tendencias que apuntan algunos sondeos. Incluso en el supuesto de que el PSOE conserve la segunda posición autonómica, quedar por detrás de Vox en la capital sería interpretado como una derrota política de fondo, una señal inequívoca de que algo se ha roto en el mapa electoral tradicional.

Aragón vota este domingo y el resultado final dirá si el sorpaso se consuma o se queda a las puertas, pero la pregunta ya está formulada y circula con naturalidad. Y cuando una pregunta así empieza a hacerse sin complejos, es porque el cambio ya está en marcha, más allá de los titulares que algunos preferirían mantener intactos. De lo que no hay duda es que, de producirse, se convertiría en la más calamitosa derrota de un Pedro Sánchez, quien, sí aún tuviera una mínima esencia de dignidad y vergüenza, debería presentar la dimisión de inmediato tanto como secretario general de los socialistas como también de su cargo como presidente del Gobierno de España. 

Felipe Pinto. 

No hay comentarios:

Publicar un comentario